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Lo que los argentinos no quieren oír y los uruguayos sí

20.12.2006 | 17.30

Se anima a frases como "Gualeguaychú es una bosta" o "Fray Bentos es una joyita". Advierte que a Argentina "no le ha ido muy bien en los conflictos limítrofes" y remata con que esa sociedad tiene "una actitud colonial hacia Uruguay". Dirigió "No a los papelones", es argentino, se llama Eduardo Montes-Bradley y en enero estrena su película... "en Uruguay, claro".
Lo que los argentinos no quieren oír y los uruguayos sí
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(Emitido a las 8.57)

(Audio)

“Hace más de dos años que un puñado de idiotas decidió cortar la frontera entre la Argentina y Uruguay, en nombre de vaya uno a saber qué estímulo paranoico pseudoambientalista. Si no son los yanquis que se quieren robar el agua son los judíos que pretenden la Patagonia, los brasileños las Cataratas o los chilenos la Cordillera... Para los argentinos siempre es el otro. Los chinos pijoteros, los paraguayos que no quieren laburar, los piratas de la reina o los uruguayos contaminadores. Siempre es el otro. Estoy harto de la imbecilidad de mis compatriotas por eso hice una película a escondidas. Una película que en la Argentina no hay quien se atreva a estrenarla. No se la pierdan, próximamente en las mejores salas... De Uruguay, por supuesto”.

EMILIANO COTELO
La película se llama “No a los papelones” y es una obra del escritor, director y productor de cine argentino Eduardo Montes-Bradley. Es un documental y ya tiene fecha de estreno en Uruguay: 12 de enero.

Provocativa desde el título, tiene su origen en la búsqueda de las contradicciones o directamente de las mentiras que están en las raíces de la idiosincrasia argentina y casi por casualidad o por lo menos eso muestra, desemboca en el conflicto entre Uruguay y Argentina por las plantas de celulosa.

Justamente con Eduardo Montes-Bradley vamos a conversar en estos próximos minutos.

***

Eduardo, tú naciste en 1960. Te iniciaste en el cine documental retratando los conflictos bélicos en América Central a principios de los 80 y tu filmografía más reciente incluye una reseña exhaustiva de intelectuales argentinos. En total has dirigido, escrito y producido más de 40 documentales, bajo el sello Contrakultura.

La información divulgada por tus promotores dice que tus trabajos son regularmente exhibidos en foros, festivales, centros culturales y en universidades de Estados Unidos y Europa. Que además de director y productor en cine eres escritor y colaboras en varios medios de comunicación de distintos países y que resides en la ciudad de Buenos Aires y en Nueva York. Entonces, a partir de esta reseña tan rápida de tu trayectoria, ¿hay que agregar algo, sobre todo algún dato, que permita entender mejor esta película?

EDUARDO MONTES-BRADLEY:
No. Lo pensé pero no. Creo que lo único que puede ayudar a entender la película es verla. Creo que además de todo lo que se pueda decir sobre ella es también es un gran divertimento que tiene que ver con la farsa y con la patología de la farsa. Es decir, es terrible que uno se divierta con este tipo de cosas pero también me parece que es muy sano.

EC – ¿Te gusta ser polémico o simplemente te gusta denunciar y eso trae como "subproducto" volverse alguien tan polémico?

EMB – No, no me gusta ser polémico pero no puedo evitarlo. Aquello para lo cual sí tengo facilidad es la ironía. Denunciar definitivamente no me gusta, no me considero un evangelista, no tengo un mensaje.

EC – Te lo pregunto porque durante toda la película, tú apareces provocando y no siempre desde lo argumental. Varias veces apelando simplemente a adjetivos, a calificativos, a tus tripas, siempre con ese tono entre irónico y agresivo. ¿Ahí hay una búsqueda o es tu estilo, cómo podemos definirlo?

EMB – Yo diría que sí, yo voy un poco por la vida así. Pero más allá de eso en esta película particularmente me hartaron. Cuando en el avance de la película dice “y además me tienen podrido” es una expresión muy genuina de hartazgo y de cansancio de considerarme rehén en mi propia tierra. Rehén de una serie de circunstancias, rehén de una serie de caprichos.

EC – No estás hablando de ser rehén solo en cuanto a que no puedes pasar un puente para venir a Uruguay, estás hablando de que eres rehén más en general.

EMB – Ojalá fuera cruzar un puente para cruzar a otro país. No puedo cruzar una calle para ir a la panadería. Es decir, la gente normal está absolutamente cercada por los caprichos de cualquiera. No hay ley.

EC – Ya estamos entonces aterrizando en la película en sí. Una película que es corta, dura unos 70 minutos.

EMB – Sí, 75 exactos.

EC – ¿En qué momento fue filmada? Te lo pregunto porque ese no es un dato menor teniendo en cuenta que el conflicto Uruguay-Argentina ha evolucionado, ha tenido idas y vueltas.

EMB – Yo creo que hace prácticamente 18 meses, un poco más de un año y medio, que se empezó. Porque en realidad la película empieza por otro lado, empieza por la investigación de un escándalo periodístico de un periodista medio trucho de principios de los 90 que es Nahuel Maciel.

EC – Sí tú dices en la película lo cuentas en distintas ocasiones que el objetivo inicial  era ir en busca de este hombre, Nahuel Maciel. Un escritor periodista que se mandó uno de los plagios más escandalosos de la historia del periodismo en la República Argentina, lo que él inventaba eran reportajes con escritores, con intelectuales famosos.

EMB – Sí, sí, básicamente intelectuales pero creo que también llegó a hacerlo con la Madre Teresa, Juan Pablo II... Pero se le asignan incluso muchos más de los que él hizo. Sigue creciendo el mito de Nahuel.

EC – Y tú te propusiste buscarlo, encontrar dónde andaba.

EMB – Yo quería buscarlo porque me parecía desde la literatura un tipo muy interesante, como fenómeno literario, me hacía acordar al Pierre Menard de autor del Quijote, de Borges. Entonces, si él había realmente logrado inventarse un libro con una entrevista falsa a García Márquez, con un prólogo falso de Eduardo Galeano, más allá de sus limitadas pretensiones literarias, si había llegado a convencer a mucha gente de que eso era real y auténtico, era porque era bueno, era bueno en su impostación. Y lo que Borges dice en "Pierre Menard... " es que es mucho más difícil escribir el Quijote no siendo Cervantes que habiéndolo sido. Entonces yo digo es mucho más difícil escribir un prólogo de Eduardo Galeano, no siendo Eduardo Galeano que siéndolo, a mí me costaría muchísimo escribir como Galeano. No es fácil.

EC – Por eso te atraía ese personaje.

EMB – Claro.

EC – Y sabías que estaba en Entre Ríos, en Gualeguaychú.

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